Se vienen cambios,
importantes.
Puedo sentirlo y vengo trabajando en ellos.
Se siente el ambiente cargado,
vos también lo sentís así?
Cada tanto la vida nos obliga a ir limpiando,
depurando.
Tanto tiempo limpiando y detoxificando el cuerpo,
eso también se va reflejando en el alma.
Siempre fui una buscadora
incansable
optimista de que en algún lugar iba a encontrar eso
No sabía muy bien qué,
pero una certeza interna me decía siempre que había otros mundos posibles,
otras realidades posibles,
pero sobre todo, que había otra Karina posible.
Una Karina más verdadera,
más auténtica,
más integrada.
Que puede descansar de intentar agradar y complacer,
que además de ir viendo sus oscuridades, también puede mostrarlas,
abrazarlas.
Mi niña lo sabía y no paró de buscarlo.
Tuve que morir,
desintegrarme,
acunar a mis ancestras,
sanar por ya no sé cuántas veces a esa madre interna.
Porque siempre hay capas más profundas donde limpiar.
Entendí que estaba muerta en vida
y por qué se me morían mis plantas…
Siempre tuve miedo a la muerte,
y ahora me toca mirarla.
Porque si no la miro parece que la eternidad resolverá todo,
parece que la vida es eterna y el tiempo todo lo cura,
y me escapo
y no me hago cargo.
Cuando recuerdo que la muerte es parte de la vida
mañana puede ser tarde
y me interpela la conciencia
de saberme muerta en vida.
Si sé de la muerte
ya no querré pasar tiempo con quien no me hace bien
por un anhelo futuro de sentirme querida.
Ya no querré conformarme con sobrevivir,
estaré más despierta para buscar mis sueños.
Ya no querré seguir viviendo esa vida que no es mía,
victimizándome,
me haré cargo, quizá, de lo que elijo y dejo de elegir.
De lo que puedo y de lo que no quiero poder.
Nacer es comenzar a morir,
“hay un cronómetro que está corriendo para atrás y va a finalizar” dice Leandro Taub en La mente oculta.
Y no es dramatizar,
es integrar.
Venimos de antes y seguiremos después.
Pero nunca como en este instante,
aquí y ahora.
No puedo evitar la muerte,
pero sí puedo elegir qué hacer mientras estoy aquí.
Puedo influenciar en mi salud física, sexual, emocional y mental
mientras esté aquí.
Mi evolución depende de mi trabajo conmigo.
Las heridas que sufrí, que hicieron que me cierre a las posibilidades,
que me cierre a mí misma,
están impresas en mi cuerpo,
y desde mi cuerpo las puedo reescribir
con amorosidad,
con suavidad,
con ternura,
con compasión,
y con toda la dulzura de la que soy capaz.
Así acompaño procesos en mis talleres, en mis consultas,
con honestidad,
con franqueza,
con cuidado,
acunando,
amando 🤍
Si te resuena, te invito a reescribir tus heridas con estos ejercicios descargables:
